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Tiempo mineral

hacia una arqueología simbólica del origen

La investigación parte de una hipótesis conceptual: el retorno al pasado primigenio puede pensarse como una reapropiación del tiempo mineral, es decir, un tiempo anterior a la civilización industrial y tecnológica, donde los equilibrios naturales —físicos, químicos y biológicos— organizaban de forma espontánea sistemas de vida basados en la interdependencia.

 

En este contexto originario, la Tierra —entendida como entidad generadora— conforma un sistema integrador en el que los seres minerales, vegetales y animales coexisten en función de dinámicas adaptativas y de mutualismo. El ser humano, concebido como un animal más dentro de este entramado, despliega su capacidad exploratoria en busca de entornos propicios. Los periodos de estabilidad vital habilitan entonces las primeras formas de codificación simbólica: narrativas visuales, gestuales y sonoras inscritas en soportes diversos —piedra, cuerpo, aire— mediante pintura, escultura, canto, danza.

 

Este proyecto artístico propone un viaje hacia ese incipit del ser humano. No como un ejercicio de nostalgia, sino como una estrategia crítica frente a un presente distópico: un mundo sin horizonte de esperanza, afectado por el deterioro medioambiental producido por las lógicas extractivistas del capitalismo tardío. En este sentido, el retorno al origen no constituye un gesto regresivo, sino una posibilidad epistémica y estética de reapertura: una vía de reanudación desde la conciencia de nuestro estatus de naturaleza, de partícula entre millones en la vastedad del universo.

 

Desde esta perspectiva, recurro principalmente a los recursos de la fabricación de papel artesanal como medio para la creación de objetos artísticos e instalaciones. A través de técnicas tradicionales —y otras adaptadas a los lenguajes de la creación contemporánea—, las piezas bidimensionales y tridimensionales se configuran de forma simultánea al proceso de producción del papel. Esta labor requiere una planificación minuciosa, basada en bocetos detallados y estructuras previamente medidas.

 

La pulpa utilizada, adquirida en forma de pasta deshidratada (oblea), proviene de arbustos como el Mitsumata (originario de Japón) y el Lokta (nativo de Nepal), cultivados de manera sostenible en las estribaciones del Himalaya.

 

Asimismo, incorporo materiales como la cerámica y el textil para acompañar y expandir las narrativas que surgen del papel. Estas materias primas, de origen natural, refuerzan conceptualmente el gesto de retorno a lo esencial, en sintonía con una estética fundamentada en los valores de conexión, equilibrio y origen.

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